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La batalla de Higos Urco y la consolidación de la primera fase independiente

«Un fuego de ardor patrio los abrazaba y persuadía de la justicia de la causas que aguardaba con impaciencia la señal de combate para arrancar a los orgullosos godos opresores la primera gloría del Perú, que las probabilidades físicas presentan como imposibles» (Juan Valdivieso, 13 de junio de 1821)[1]

A diferencia del resto de Hispanoamérica, que celebra su independencia con el primer grito de libertad, en Perú se toma como gran triunfo la independencia parcial de San Martín, dejando de lado el largo trayecto de las revueltas anticoloniales. La proclamación del 28 de julio de 1821 consolida la primera fase de la independencia definitiva y se recuerdan comúnmente las rutas del libertador argentino y su “aceptación” en la gente; pero se ignora a las personas que hicieron posible en la práctica la expulsión de los dominantes hispanos.

Antes de iniciar julio de 1821, varios cabildos provinciales proclamaron su independencia, de tal manera que a la ciudad de Lima no le quedó otra opción que renunciar a la Monarquía liberal. A excepción del pueblo indígena de Supe (norte de la ciudad de Lima), en el Sur se produjeron las primeras proclamas de libertad; pero los cabildos en conjunto no tuvieron el poder de acabar con la influencia española y, para mediados de 1821, la microrregión sureña acogió al virrey La Serna. Caso distinto ocurrió en el Norte, que en conjunto expulsó el poder realista definitivamente. Allí se produjo la batalla que afianzaría a San Martín para seguir con la campaña libertadora.

Con el apoyo que recibió San Martín por parte del intendente de Trujillo, José de Torre Tagle, quien presidía el gobierno del Norte, la primera fase de la independencia estuvo asegurada. Mediante cartas, los aliados convinieron las gestiones a seguir, iniciando con la independencia de Trujillo el 29 de diciembre de 1820 y se ordenó a las demás provincias a imitar su ejemplo.[2] Lambayeque que consiguió su independencia por propia cuenta el 27 de diciembre, la oficializó el 31 de diciembre y 14 de enero de 1821; Piura, el 4 de enero; Cajamarca, el 6 del mismo; Hualgayoc, el 8; y Chota, el día 9, etc.

La batalla por la libertad de la Macro-Región Norte

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Fuente: O'Phelan / Saint-Geours (1998)
Fuente: O’Phelan / Saint-Geours (1998)

Las reacciones españolas no se hicieron esperar, la contrarrevolución del Norte estuvo a cargo de Mariano Castro Taboada, subdelegado de Chota. Miguel Escalante, dirigente de la milicia en Cajabamba, y Ramón Noriega, por Otuzco, pusieron en marcha el plan con más de 2000 efectivos; pero fracasaron al perder las insurgencias de Otuzco en mayo y al ser apresados los dirigentes de Cajabamba. No obstante, la batalla acabó con la resistencia española que se produjo en la zona nororiental, donde se encontraba la guarnición veterana de los realistas.[3]

Informados del desplazamiento del teniente coronel José Matos, jefe de la guarnición veterana de Moyobamba, el Marqués Torre Tagle destacó, al mando del coronel Juan Valdivieso, una división a Chachapoyas, formados por jóvenes trujillanos, cajamarquinos y chachapoyanos, ascendientes a 294 efectivos con cuatro piezas de montaña; mientras que José Matos duplicaba la cantidad con una fuerza de 600 soldados y una pieza de artillería.[4]

El primer contacto se produjo el 3 de junio de 1821, con el subteniente Manuel Rodríguez, quien se replegó a la hacienda Rondón, donde los demás patriotas. Al día siguiente, abandonaron Rondón y tomaron el emplazamiento del combate en el campo de Higos Urco, en las inmediaciones de la ciudad de Chachapoyas. Fracasados los convenios conciliatorios, el 6 de junio se libró una cruenta, agotadora y prolongada batalla.

El parte oficial de Juan Valdivieso dirigido a Torre Tagle describe a detalle la feroz batalla:

«Un recio combate se trabó luego a las 8 de la mañana sostenido ardorosamente por los fuegos de ambas partes durante media hora permaneció indecisa la fortuna, más al cabo comenzó a ser más propicia, pues habiéndose retirado la izquierda del enemigo, acosada por las nuestras a la quebrada, nuestras descargas de metralla oportunamente lanzados por un cañón que de antemano se había colocado al frente, difundieron el terror en sus filas, las desalojaron de este punto de apoyo y produjeron el desorden y la dispersión. Pero, mientras nosotros conseguíamos estas ventajas sobre los realistas, su ala derecha logró tomar una altura dominante y atacar con tanto denuedo y buen éxito a nuestra primera compañía que lo obligó a ceder el terreno aunque con orden y replegarse por medio de un movimiento semicircular hacia la izquierda del cañón que ocupaba la base de una hermosa colina.—Halagado los opresores con este resultado, siguieron persiguiendo vigorosamente a los nuestros hasta el lugar de su retirada; pero nuestro fuego de artillero sostenido audazmente por uno graneado de fusilería, les frustró sus designios y les precisó a retirarse con precipitación a la Quebrada Honda desde la cual parecía fácil tomar una altura que les proporcionase su entrada a Chachapoyas.—En estas circunstancias dispuse que descansasen algún tanto nuestros invencibles patriotas, mientras yo observaba los movimientos del enemigo, cuya izquierda estuvo constantemente tiroteada par la guerrilla de 16 hombres que comandaba Suárez, la que combatió tan porfiadamente par espacio de cuatro horas contra 50 veteranos que al fin los precipitó a una vergonzosa derrota.—Después de media hora de refresco, ordené que la segunda compañía, formando una 1 línea curva se colocase en un bosque que corresponde al punto de salida de la quebrada que tomó el enemigo, donde debía permanecer oculto y con la primera marché de frente, protegida mi derecha por la guerrilla que comandaba Rodríguez.—Apenas tuve el tiempo necesario poro tomar estas disposiciones, cuando el enemigo resuelto a disputarnos la victoria o todo tronce, bajaba o nuestro campo con serenidad y osadía; más en la mitad de su marcha fue sorprendido por los fuegos de la segunda compañía, a las que muy pronto se agregaron los de la primera, de la guerrilla de Rodríguez y de la artillería.—Esta combinación tan acertadamente ejecutada decidió el combate: las fuerzas enemigas comenzaron a huir entre el desorden, la vergüenza y el pavor».[5]

Participantes:

personajes BHU

Fuente: Valdez (2010: 48-50); Valderrama 2012: 72[6]

También destacaron las mujeres chachapoyanas, siendo la más celebre doña Matiza Rimachi, quien poniéndose a la cabeza del abastecimiento de materiales de combate enardeció la tenacidad de los soldados.

Después de 10 horas de combate, la victoria fue para los patriotas. Ante la huida de algunos realistas, Valdivieso se dirigió a reforzar la ciudad y ordenó la persecución; pero la noche facilitó la huida de José Matos, Manuel Fernández Álvarez, el obispo Sánchez Rangel y otros.

«En consecuencia de tan completa victoria y premio del valor, intrepidez y constancia de los señores oficiales y ejemplar tropa que tengo  el honor de mandar, he concedido sobre el campo de batalla, en nombre de la Patria y del Excelentísimo Señor General en Jefe don José de San Martín, una medalla que contenga la siguiente inscripción, en el anverso: Vencedores de Chachapoyas y un jeroglífico compuesto de palma y laurel entrelazados y dos manos en el centro, y en el reverso: la fecha del triunfo», informó Juan Valdivieso a Torre Tagle.[7]

medallas-bhu

El 6 de septiembre del año siguiente, se libró una segunda batalla en el mismo lugar. Los patriotas, esta vez comandados por Nicolás Arriola, volvieron a derrotar a los últimos realistas del Norte, persiguiéndolos días después hacía el cerro “Ventana”, el río “Negro” y Rioja, hasta que finalmente se enrumbaron los sobrevivientes a España.[8] Entre los fugitivos estuvieron el obispo Sánchez Rangel y Carlos Tolrá.

Importancia de la batalla en la 1° fase de la Independencia

La batalla de Higos-Urco fue de vital importancia para consolidar la libertad del Norte y obligar a la armada realista a abandonar Lima ante la presencia de San Martín y así proceder a la proclamación del conmemorado 28 de julio. Con este gran combate, que significó la piedra angular del nuevo régimen, se empezó a formar el ejército peruano que se consolidaría en Junín y Ayacucho. Tres fueron las batallas decisivas que nos dieron las llaves de nuestra libertad, siendo la primera, lamentablemente, desconocida por la historia nacional.

Si no fuera por el apoyo de las provincias del Norte presididas por Torre Tagle, la independencia se hubiera postergado, como años más tarde José de San Martín se lo expresó a Juan Manuel Iturregui en París (1846), confesando que si no hubiera sido porque el departamento de La Libertad (incluía Lambayeque) se sublevaba y lo auxiliaba económicamente, él se habría reembarcado para Chile.[9]

Monumento en conmemoración a la Batalla de Higos Urco – Chachapoyas

monumento BHU

Testimonio personal que José de San Martín hace a Juan Manuel Iturregui en París en 1846.

Posted by Truxillo.pe on domingo, 24 de julio de 2016

Referencias

[1]  Valdivieso, Juan. “Parte oficial de la batalla de Higos-Urco”. Chachapoyas, 13 de junio de 1821. En Collantes Pizarro, Luis. El departamento de Amazonas en la gesta emancipadora. Lima, 1988, pp 46.

[2]  Rebaza, Nicolás. Anales del departamento de La Libertad en la guerra de la independencia. Trujillo: El Obrero del Norte, 1898, cap. I-II.

[3]  Centurión Vallejo, Héctor. La Independencia de Trujillo. Trujillo: Revista Universitaria N° 21-22, 1962, pp. 99-109.

[4]  Collantes Pizarro, Luis. El departamento de Amazonas en la gesta emancipadora. Lima, 1988, pp. 20-23.

[5]  Valdivieso, Juan. “Parte oficial de la batalla de Higos-Urco”. Chachapoyas, 13 de junio de 1821. En Collantes 1988: 46-47.

[6]  Valdez Rodríguez, Jorge. La Batalla de Higos Urco. Chachapoyas, 2010, p. 48-50 citado por Valderrama Escobar, Víctor. Independencia de Chachapoyas. Informe de Bachiller en Ciencias Sociales. Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo, 2012, p. 72.

[7] Valdivieso, Juan. “Parte oficial de la batalla de Higos-Urco”, p. 48.

[8]  Collantes Pizarro, Pizarro. El departamento Amazonas…, pp. 37-41.

[9]  Iturregui, Juan Manuel. “Informe del General Casos”. Lima, 6 de mayo de 1851. En Leyva Ordoñez, Juan. Apuntes históricos Lambayecanos. Chiclayo, 1972, p. 42.

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Autor: Juan Carlos Chávez Marquina

Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Trujillo. Cursa estudios de Maestría en Gestión Cultural, Patrimonio y Turismo en la Universidad de San Martín de Porres. Tiene estudios en Tecnologías de la Información y Comunicación. Trabajó como historiador en la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad. E-mail: jc.chavez@truxillo.pe

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